Todo lo que toca Mario se convierte en oro

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Todo lo que toca Mario se convierte en oro

El juego que une a dos gigantes como Nintendo y Ubisoft al fin tuvo su lanzamiento oficial y nosotros tuvimos el gusto de jugarlo y, sobre todo, disfrutarlo.

hace 1 mes
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  • Autor: Carlos Pollastri
  • 03.09.2017
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Algunos de nosotros tenemos la suerte de estar con Mario desde su primera aparición. Con el paso de los años, lo que realmente sorprende es que cada vez que Mario aparece en un juego, ese juego es particularmente divertido. Y si, detrás de esto hay una empresa gigante como Nintendo que sabe elegir dónde poner y dónde no poner a su personaje, qué hacer y qué no hacer. Aun así, a nosotros como gamers, nos sorprende gratamente que el personaje no solo sea símbolo de una empresa, sino también de diversión asegurada.

La primera sensación que tuvimos al probar el juego fue, quizás, aquella misma que cuando jugamos por primera vez al Mario 64. Y no por el tipo de juego ni mucho menos por su calidad gráfica, sino por esa sensación de estar dentro de un mundo lleno de colores y alegría por todos lados. Los diseños de todo lo que vemos son realmente encantadores, y seguramente es esa frescura que le da al juego el hecho de que una desarrolladora como Ubisoft tome un personaje como Mario y lo meta en un universo distinto. El hecho de que una empresa “ajena” desarrolle y componga todo un mundo donde Mario es la principal atracción le da otra visión, una que quizás, y solo quizás, sea distinta a la podría haber llegado a tener Nintendo.
Y si, los Rabbids tienen peso propio a esta altura pero, vamos, Mario es Mario, palabras mayores. 

Mario + Rabbids Kingdom Battle es una montaña rusa de emociones. Es un parque de diversiones de Mario en el que se metieron una horda de pequeños Rabbids a generar caos, desorden y descontrol. Y el resultado está a la vista, es palpable como pocas cosas. A pesar del extraño concepto de juego que tiene, todo resulta una sorpresa constante. ¿Mario en un shooter estratégico? Si: como dijimos en un principio, Mario garantiza diversión y, de forma un tanto irónica, esta vez le tenemos que agradecer a Ubisoft.

Todo comienza con un experimento fallido. Las cosas salen mal, se abre un portal, y los Rabbids empiezan a caer como una lluvia de mala suerte sobre el Reino de los Hongos. Algunos Rabbids se empiezan a fusionar no solo con la flora y fauna local, sino con algunos de los amigos de Mario. El resultado, es un despliegue de risas e irreverencias como solo estos personajes pueden regalar. La misión del fontanero más famoso y algunos de sus amigos (que se fusionaron en cuerpo y alma) deben combatir contra los Rabbids más propensos a las travesuras, enviarlos a su casa, y así poder restaurar toda esta locura.

Si bajamos todo el concepto del juego y su gameplay a papel, realmente suena extraño. La acción se presenta en base a la estrategia de disparar por turnos, pensando qué personaje nos conviene usar dependiendo el ataque enemigo, o que movimiento hacer para sacar una mejor ventaja. Pensar cuando nos conviene atacar y cómo defendernos. Estrategia pura. Podemos poner a Mario a descubierto, por ejemplo, mientras Luigi toma la posta de francotirador. La princesa Peach es la doctora de turno y nuestro alter ego tiene una escopa que no piensa soltar nunca, pase lo que pase. Vale aclarar que en este juego, las armas y los disparos solo son representaciones de una acción inexistente ya que no matamos a nadie, sino que los regresamos a su lugar de origen.

Y quizás esa sea el punto fuerte del Mario + Rabbids Kingdom Battle: puede sonar raro si solo vemos el tráiler, o si alguien nos cuenta cómo es el juego, pero cuando le ponemos las manos encima a la Nintendo Switch y nos disponemos a jugarlo, las cosas cambian radicalmente. Realmente es un excelente juego de estrategia, donde vamos a formar un equipo de tres personajes de todos los que tenemos para elegir. La batalla se dispone en escenarios fijos, divididos en una grilla invisible donde los personajes van a interactuar. Vamos a tener chances de atacar, hacer un movimiento vital para la estrategia y otro para activar alguna capacidad especial. La mecánica realmente no tiene mucha más complejidad, y esa simplicidad es lo que lo hace tan adictivo. ¿Recuerdan el XCOM de Firaxis? Es como si hubiese agarrado ese juego, lo hubieran exprimido para sacar lo mejor, y lo hubiese llenado de colores, comicidad y simplicidad. Un trabajo de desarrollo impecable.

Hay varios detalles que lo hacen grande, y siempre solemos decir que el cuidado de los detalles es fundamental. Podemos deslizarnos por el suelo para alcanzar algún punto cercano para tener una oportunidad mayor contra el enemigo, sin que cuente como movimiento y enseguida podamos disparar. Podemos utilizar las queridas tuberías para pasar de un lugar a otro si nos vemos en peligro. Incluso podemos hacer que un personaje nos arroje lejos para superar algún obstáculo. El juego es tan dinámico y tan simple, como dijimos antes, que podría ser el juego base, de ahora en más, para quienes quieran incursionar por primera vez en el mundo de la estrategia, ya que su sistema de movimientos es tan intuitivo y simple de recordar que resulta una buena forma de encarar este género.

La curva de dificultad también es algo que parece pensado minuciosamente, y está escondido detrás de una narrativa tan simpática que apenas nos damos cuenta de que las cosas cada vez se ponen más complicadas. Se complica no solo mediante el diseño de los niveles, sino mediante el “aprendizaje” que van teniendo los enemigos. En cada pantalla que jugamos, los Rabbids van aprendiendo nuevos movimientos, nuevas formas de atacar, defenderse y utilizar sus oportunidades. Todo de forma gradual, claro está, pero de una forma tan bien acomodada que nunca vamos a sentir que estamos jugando una y otra vez a lo mismo, ya que nunca da pie al aburrimiento. Los jefes finales o aquellos que aparecen a mitad de un nivel, tiene su condimento extra también, no solo en cuanto al diseño, sino a su forma de atacar y moverse en medio de la batalla. Y después, los Rabbids soldados, por así decirles, comienzan a copiar su actuar.

En este punto debemos ser sinceros y hay que aclarar que la IA del juego no es la más brillante del mundo. Y si, sé que estamos hablando de Rabbids, pero no me refiero a eso. Por momentos, los enemigos actúan de forma un poco tonta si se quiere, respecto a lo que uno esperaría. Pero (siempre hay un pero) esto no es del todo malo, porque esa cosa imprevisible que tienen y por momentos hace al gameplay un poquito más fácil de lo que se espera, puede también hacerlo más difícil. La propia imprevisibilidad (suena rara la palabra, pero los juramos que existe) le da diversidad a cada batalla y eso alimenta ese sentimiento fresco y de no sentir que las cosas se repiten una y otra vez.

No debemos pensar que el estilo de juego, sus diseños y sus colores son reflejo de la dificultad final del juego. Todos los detalles que estuvimos mencionando en los párrafos anteriores se van incrementando a lo largo de los diferentes mundos y las cosas llegan a hacerse bastante complicadas. Seguramente que los más fanáticos y experimentados en los juegos de estrategia van a disfrutar de esta complejidad y van a llegar a buen puerto, pero les podemos asegurar que quienes sean jugadores casuales de este género, pensaran varias veces en tomarse unos minutos y poner el “easy mode”.

Y así es como los Rabbids le van a deber al personaje de los bigotes frondosos haber llegado a este punto tan alto, porque el juego es realmente una maravilla. Su estilo visual, la comicidad irreverente, la mecánica de juego, su gameplay, lo divertido que resulta, todo lo que es el juego en sí, es un completo acierto de Ubisoft, demostrando por qué es una de las empresas de videojuegos más importantes del mundo. Mario + Rabbids Kingdom Battle superó cualquier expectativa que podía tener y tuvo una maravillosa recepción por todos los que ya pudieron jugarlo. Como dijimos en un principio, y para finalizar con una frase trillada pero real: todo lo que toca Mario se convierte en oro.
 



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