La presa se vuelve el depredador

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La presa se vuelve el depredador

Mucho tiempo de espera, pero finalmente el nuevo juego de los creadores de Dishonored, está entre nosotros y nos brinda ese combinación de acción y exploración, con una fuerte narrativa, que nos recuerdan a joyas del pasado como System Shock y Bioshock.

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  • Autor: Tomás García
  • 15.05.2017
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El mundo es uno muy diferente desde aquel 2006 cuando los productores de Nuke Dukem lanzaron el primer Prey. Y el mundo de este Prey, creado por Arkane Studios (mejor conocidos por Dishonored) es muy diferente al que vivimos hoy en día. Se trata de un futuro donde los humanos tienen el poder de aprender habilidades simplemente inyectándose una aguja en el ojo. Sí, doloroso, ¿pero por la habilidad de aprender lo que sea en cuestiones de segundos? La propuesta es seductora.

Habiendo creado títulos como Arx Fatalis y Dishonored, y participado del desarrollo de franquicias como Half-Life y Bioshock, el pedigree de este experimentado estudio es evidente. Y en Prey se nota. La mejor comparación que podríamos hacer es con Bioshock, el original, donde el combate, la historia y la exploración se conjugan sin límites para entregar una experiencia fantástica y cohesiva. Y aunque no todo llega a buen puerto, está suficiente bien hecho como para ser recomendable para los fans del género y aquellos que disfrutan de una historia bien contada.

El mundo de Prey es creíble porque se toma el tiempo de desarrollar su propio universo. Explorando la estación espacial podemos aprender que en este universo alternativo John F. Kennedy no fue asesinado, y junto a Rusia pusieron fuerzas en pos de crecer el poderío espacial de la humanidad y en un puñado de décadas tenían una enorme estación espacial en sus manos. Años después, una empresa la privatizó y construyó un mundo de experimentación para romper barreras y llevar a la humanidad a un lugar totalmente nuevo científicamente hablando.

Esto se debe principalmente a como indica el libro de Bioshock, la historia no solo se cuenta en forma de diálogo, sino a través del mundo mismo. Y la estación espacial que habitamos, Talos I, está repleta de pequeños fragmentos en forma de mails, escenarios, eventos y otras cosas que completan el puzzle completo que es la  historia de Prey. El espacio que habitamos y exploramos con total libertad es un personaje en sí mismo, contando en diferentes formas del pasado y presente de la estación espacial. Y de la misma forma que aquel FPS, este juego arranca muy fuerte, con un giro inesperado, que saca todo de perspectiva y nos hace dudar de prácticamente todo lo que pasa frente a nuestros ojos.

Nuestro personaje, Morgan Yu, ya sea hombre o mujer, tendrá la difícil misión de enfrentarse a unas terribles criaturas extraterrestres polimorfas que pueden transformarse en cualquier cosa. Literalmente cualquier cosa, desde una bestia enorme y temible hasta una taza de café. Esto crea una sensación de ansiedad y expectativa constante, donde no sabemos si ese velador que está sobre el escritorio es seguro o en instante saltará sobre nosotros para comernos la cara. Es una pena que varias horas dentro del juego, mediante mejoras podemos desactivar este peligro por completo, ya que esas primeras horas son de las más tensas que hemos experimentado en mucho tiempo.

Y como buen juego de Arkane, las mejoras vienen de todo tipo y colores. Los dispositivos llamados Neuromods permiten hacer modificaciones genéticos en el cuerpo de nuestro protagonista y eso nos da la posibilidad de mejorar su energía, estamina o más fuerza para levantar objetos pesados o mejorar sus habilidades de hackeo. Esto permite jugar Prey de la forma que nosotros queramos, con mayor predominancia de combate o de exploración. Y como llega un momento en que los Neuromods son construibles, explorar para encontrar piezas de construcción se vuelve una pieza clave de la dinámica de juego.

Ahora bien, además de explorar y recorrer la estación, conociendo a sus muchos personajes, mientras seguimos las órdenes de una misteriosa IA, que según cuenta, fue diseñada para ayudarnos, vamos a estar combatiendo contra los Typhon. Esta es una raza extraterrestre que también vienen en todo tipos y tamaños, y son realmente aterradores. El problema es que el combate no está a la altura de la situación, ya sea PC o consolas. Sobre todo cuando los enemigos son chiquitos y escurridizos, es muy difícil apuntarles o pegarles con la llave inglesa. Esto, combinado a una serie consecutiva de Game Over, pueden hacer el juego un poco frustrante. Y no ayuda el hecho de que no importa cuánto mejoremos en combate, el problema de apuntar no se puede resolver.

En contraparte, podemos mejorar nuestra capacidad para ser sigilosos, lo cual nos permite evitar muchos enfrentamientos, y hasta hacer mucho más daño si atacamos sin ser detectados. Pero aún así, hay muchas peleas que no son evitables, y volvemos al mismo tema de antes. Las mecánicas de combate requieren más trabajo, ser más ajustadas y precisas.

Aún con problemas como estos, la aventura en sí es un placer. Un placer ansioso y aterrador, pero placer al fin. Quien haya disfrutado juegos anteriores de Arkane, o hasta clásicos como System Shock y Bioshock, encontrarán en esta aventura mucho que disfrutar. Está repleto de detalles y guiños al género, y tiene también ideas muy buenas, algunas están muy bien ejecutadas, y algunas pocas no tanto. De todas formas, Prey es más que recomendable.


LO BUENO:

  • Excelente diseño gráfico
  • Atmósfera ansiosa y atrapante
  • El diseño de Talos I es un personaje en sí mismo
  • La historia y las varias formas de contarla


LO MALO:

  • El combate requiere más pulido y se siente incómodo


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