Incluso la noche más oscura terminará con la salida del sol

#PES2018

Incluso la noche más oscura terminará con la salida del sol

Es imposible no jugar al PES 2018 sin compararlo con el FIFA18, y viceversa. Pero la verdad es una sola cuando el juego muestra falencias y virtudes propias sin dar lugar a comparaciones.

hace 12 días
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  • Autor: Lucas Robledo
  • 10.10.2017
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En una época donde lo visual se antepone al gameplay, donde se nos quiere hacer creer que una empresa determina el éxito de un juego, donde los negocios suelen arruinar la experiencia de juego, hay algunos títulos que a pesar de tener algunos de estos condimentos, salen de la ecuación principal. El mejor ejemplo fue hace un tiempo atrás, cuando el PES 2016 fue catalogado, por muchos como el mejor juego de futbol jamás hecho. Lo que importaba, en ese título, era justamente la experiencia de juego. Lógicamente no contaba con el sinfín de opciones y aditivos que tiene su rival más cercano, ni con el costo o el nivel de producción del juego de EA, ni siquiera con las ventas. Pero si hablamos del juego como juego deportivo en sí, esa edición del PES demostraba todo lo que tenía en la cancha, como deberían ser todas las cosas.

Este mote se les subió a la cabeza y cuando llegaron con el PES 2017, con la clara intención de volver a hacer historia al menos entre los fanáticos, el resultado lejos estuvo de lo esperado. ¿Por qué? Porque si bien el juego tenía todo lo que tenía el anterior, se intentó ir un poco más allá y tomar ciertos condimentos que su rival más directo ya había explotado con éxito en otras ocasiones. No siempre “más” es “mejor”, y Konami parece que lo aprendió a los golpes.

Este año, la vara estaba DEMASIADO alta. EA Sports venía mostrando algunos adelantos de su juego y resultaba espectacular. Claro, al menos lo que podíamos ver, no lo palpable, no lo real. Sin gamepad en mano, es imposible determinar si un juego es bueno, malo, ni nada parecido. PES 2018 llegó con esa carga encima, pero no se quedó chico como muchos esperaban. Duplico diversión, mejoró muchos aspectos, y es en todo aspecto, más grande. Incluso en los pequeños errores, que frente a la magnitud de todo, quedan un poco más a la vista, desgraciadamente.

Pero vayamos por partes. Esta edición de PES quizás no tenga el mejor envoltorio, pero cuando se prueba es una delicia. En la cancha, que es donde realmente importan las cosas, el juego sigue siendo impecable. Es completamente real en lo que expresa, los jugadores son distintos y se nota, es difícil hacer ciertas cosas dependiendo de los jugadores, y no de los controles. Es como si cada partido tuviese su propia historia, con una narrativa impulsada por la individualidad de los jugadores, donde cada uno tiene algo para decir y es necesario prestarles atención. Y es tan fácil comprobar esto como agarrar a los equipos con los mejores jugadores del mundo y ver cómo se destaca cada uno.

Muchos podrán pensar que recrear las habilidades de los mejores del mundo puede ser algo simple, pero no malinterpreten, PES 2018 no es solo eso. Cuando digo que cada jugador tiene su forma de jugar, hablo de cada jugador dentro de los equipos. Por eso los invité, entonces, a probar a los equipos con los mejores del mundo, porque es donde más se nota este detalle. Esto hace que tengamos que acostumbrarnos a ver a cada jugador por separado, pero al mismo tiempo como un todo al mirar desde afuera al equipo. Hay jugadores con falencias que entran en equilibrio con otros más habilidosos, y toda esta combinación táctica es lo que hace que sea considerado, a nivel técnico, el mejor videojuego de fútbol. Sentir cómo los cambios tácticos que hagamos afecta a todo el juego de equipo, y de a poco tener que acostumbrar a los jugadores a esa nueva formación es algo realmente fantástico.

PES 2018 es un paquete de detalles que quizás pocos sepan apreciar, deslumbrados por las luces de colores del nuevo FIFA18. Hay algo que no puedo dejar de mencionar, y es el comportamiento de la pelota. La física que acompaña al principal factor del juego y que pocos se detienen a observar. Le pelota rebota de forma diferente dependiendo en qué parte del cuerpo golpee al jugador, influyendo su trayectoria previa, fuerza y giro de la misma. Este pequeño detalles es solo una muestra del nivel técnico que maneja el juego para lograr darle un realismo único. Esto le da un toque caótico e impredecible a cada partido moviendo la curva de dificultad de un lado a otro como pocas veces se ha visto.

Esta utilización de la física, que se comienza a convertir en un gran protagonista, también afecta a cómo los jugadores se comportan dependiendo su estado físico. Cómo reacción a un pase, al momento de saltar para cabecear o a la precisión para defender. Estar hablando de que un juego de futbol gira en torno a la física de cada uno de sus componentes me resulta genial. No solo porque no es algo de lo que se suela hablar, sino porque es un mérito enorme por parte de los desarrolladores del juego.

Pero, con este tema en mano, también la AI es afectada por la física y cuando los jugadores necesitan reaccionar frente a situaciones imprevistas, muchas veces lo hacen de manera extraña. Hay un claro abismo entre la calidad de los jugadores que defienden y los que atacan, como si estuviese estipulado que sea así cuando en realidad es un error del gameplay, ya que los defensores están mucho más expuestos a situaciones impredecibles o a una acumulación de caos en jugadas rusticas sin mucho brillo habilidoso. Y está claro para cualquiera que haya tocado un juego de futbol, que este tipo de fallas define, sin duda alguna, el futuro de un peso pesado como lo es PES 2018.

Como dijimos en párrafos anteriores, este tipo de errores los llegamos a detectar porque todo el resto está perfectamente equilibrado. Mientras más perfección rodea a un juego, los defectos salen más a la vista, y en este caso, la falta de balance respecto a la AI es todo un problema. En contraparte, es algo que claramente no pasa cuando jugamos contra un equipo controlado por otro ser humano, y en esos momentos, el juego brilla por su magnífica puesta en escena.

Para algunos, que PES no se ponga a desarrollar infinitos modos de juego que poco tienen que ver con el futbol en sí como lo hace la saga FIFA es un error, pero para mí muy personalmente, está bien que el juego quiera mantenerse fiel a su apuesta. PES 2018 brilla porque cuando nos sentamos a jugar un partido de futbol “virtual” todo se siente genial, y no porque tenga papelitos de colores y brillantina por todos lados. Pero esta es solo una opinión. A muchos les gusta dar vueltas y vueltas por opciones interminables, docenas de modos de juegos y otro sinfín de botones sin explorar. Y si esa es la visión que los acompaña, seguramente esta nueva versión de PES les resulte con sabor a poco. Sobre todo si la ponen al lado del FIFA de EA y el nivel de producción con el que este juego cuenta.

Es verdad que el juego no se ve, ni un poco, como su eterno rival. Si bien en mecánica y física podríamos debatir durante horas, está más que claro que el aspecto visual del PES 2018 parece retro comparado con el del FIFA18. Las pocas posibilidades de personalización, teniendo en cuenta todas las licencias que el juego no tiene, lo hacen estar a años luz de todo lo que el título de EA ofrece. Incluso, si somos sinceros y realistas, hay juegos mobile de futbol que nos dan mejores opciones en este sentido. Las interfaces no tienen el mejor de los trabajos arriba, y muchas veces tienen tantos problemas de UX que dan pena. Esta actitud que antes “festejaba” de Konami de no innovar en ciertos aspectos, en este sentido, la repudio desde mi lugar de gamer.

Para ir terminando, realmente creo que no hay mucho más para decir, porque todo parece estar muy claro si nos sentamos a jugar PES 2018, que termina siendo un título genial al momento de jugar una partida de futbol, pero que resulta fatal si lo tenemos que analizar, haciendo foco en sus distintos contenidos y apartados. Personalmente, que el juego ponga tanto de sí mismo en el momento que lo tiene que poner lo hace grande, muy grande. Es una pena, entonces, que el resto se haya dejado tan descuidado.



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