Con cicatrices de la batalla pero el Honor intacto

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Con cicatrices de la batalla pero el Honor intacto

Ubisoft parece estar metiendo mano en todos los platos y nos está trayendo todo tipo de juegos. For Honor siendo uno de los más particulares. Después de jugarlo durante muchísimas horas esta fue nuestra experiencia con el eterno conflicto entre Samurai, Vikingos y Caballeros.

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  • Autor: Tomás García
  • 22.02.2017
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For Honor nos llamó la atención desde la primera vez que lo vimos. Nos prometía épicas batallas entre reconocidas y míticas facciones de guerreros de nuestra historia como Humanidad, y cuando vimos el sistema de combate sobre el que estaba fundado, nos dimos cuenta que podía tratarse de algo muy bueno. Pero nunca imaginamos que cuando finalmente pusiéramos nuestras manos en este título de acción nuestra comparación más directa sería con juegos de pelea.
 
Y sobre este sistema de combate está basado todo el juego. Ya sea la Campaña o los varios modos en línea, todos tienen el mismo sistema básico corriendo en sus venas, y es uno que es muy fácil de deducir, pero a medida que avanzan los desafíos y se le alguna que otra variante, queda claro que otra cosa muy diferente es dominarlo.

 
Ahora bien, a la hora de hablar de la historia, no hay mucho que decir. Está ahí para hacer avanzar la Campaña que pone a los mejores guerreros de tres facciones en una Guerra de Mil Años. Una especie de Mortal Kombat a través del tiempo. La narrativa es confusa y le faltan pedazos pero tiene suficiente buen diálogo y secuencias para entretener y dar lugar a excelentes batallas, que es lo que el juego hace mejor. 
 
Lo que sí hace bien la Campaña es explicar las bases del juego y permitir una buena práctica con las diferentes clases que podemos seleccionar para los modos online. Y aunque es una adición bienvenida, se siente que el foco del diseño fue este último y no la Campaña. Una buena decisión teniendo en cuenta lo bien realizado que está, y aunque en todos se realiza la misma acción (pelear con quien venga) cada uno de ellos tiene una dinámica bastante diferente.

 
 
Pero antes de entrar en el modo multijugador hablemos de este sistema de combate. Desde sus primeras presentaciones, el gigantesco director de diseño, Jason VandenBerghe, nos vendió el concepto de un juego de pelea donde tendríamos control directo de nuestra arma, tanto para defender como atacar, y los ataques serían todo lo contrario a predefinidos y en cambio totalmente deliberados. Y el resultado es una verdadera joya que en ciertos puntos puede ser comparada con Dark Souls, no por cómo es, sino por el sentido deliberado con el que está diseñado. Las animaciones, el peso de la física, los diferentes movimientos de cada personaje todo está diseñado de forma especial para darle a For Honor un estilo único.
 
 
Existen 12 clases en total, y la gran mayoría son diferentes. En este caso, no se sienten diferentes, sino que verdaderamente lo son. Sus ataques son diferentes, así también como sus combos y  movimientos. Pero como la base es idéntica para cada personaje, no hay una gran desconexión entre ellos, y esto fomenta la experimentación con las distintas clases. Todos los héroes pueden sostener su arma en tres posiciones direccionales, tanto para atacar como defender. Una vez que nos concentramos en un enemigo, el stick derecho nos permite cambiar rápidamente entre estas posiciones, y con ciertos botones podemos atacar, bloquear, defender y evitar ataques. Además de otros como ataques que rompen defensas, armas con daños especiales y varias opciones más.
 
Y toda las acciones que realizamos, ya sea atacar, defender o esquivar toma una fracción de nuestra stamina, lo que nos obliga a ser estratégicos y metódicos. Como en Dark Souls o ciertos juegos de pelea, no sirve simplemente apretar los botones y que sea lo que sea, ya que cualquiera que haga eso se quedará sin stamina y le dará una ventana lo suficiente amplia para ser devastado por el enemigo. Gran parte de la tensión de un combate es al principio, cuando ambos se miran las caras y mueven sus armas de lado a lado, buscando el momento oportuno, y a esta altura se vuelve más una batalla más psicológica que física.
 
 
Las clases existen porque no hay opción para cambiarle armas a nuestro héroe. Lo que podemos hacer es reclutarlo para el modo online y ahí podemos usarlo y editar su armamento, únicamente para cambiar su estética y variar sus estadísticas, pero el estilo y tipo de arma depende de la clase del personaje. En total son tres facciones, y cuatro héroes para cada uno. Lo bueno es que la gran mayoría de ellos son muy diferentes, y tiene sus propia arma. Los Samurai, por ejemplo, cuentan con katanas y lanzas; los Vikingos hachas y los Caballeros escudos, cuchillos y pesadas espadas.
 
A medida que exploramos los diferentes personajes y sus diferencias podemos subir de nivel y recibir loot con cada combate para mejorar nuestras estadísticas. Cada arma tiene piezas individuales que pueden ser intercambiadas entre sí para modificar su apariencia y estadísticas, pero no podemos cambiar el arma en sí. También podemos comprar paquetes con la moneda que se gana en las batallas, y esto también sirve para buscar esos elementos raros que hay escondidos.

 
Todo esto se hace mucho más interesante, cuando conocemos el meta juego que nos permite elegir una de las tres facciones y pelear por territorios en un enorme mapa utilizando la moneda que ganamos en las partidas para dar más batalla en las diferentes zonas, que al mismo tiempo representan modos de juego. De esta forma, no solo podemos elegir jugar un modo porque tenemos ganas, sino también porque contribuye con el esfuerzo de guerra de nuestra facción.
 
Los modos en sí son básicos pero dada la mecánica del combate agregarle combatientes cambia radicalmente cómo jugar cada uno. Por ejemplo, es posible jugar duelos (1v1 o 2v2) y estos son los más lentos y pensados, mientras que los de 4v4 no solo tienen mapas el doble de grandes, sino que agrega bots que los héroes pueden destruir de un solo golpe, para mantener la línea de combate. El objetivo es tomar los diferentes puntos de control y llegar a 1000 puntos, y la posibilidad de ver la línea de combate en tiempo real, da una buena idea de en qué estado se encuentra la batalla.
 
 
For Honor es más que solo bueno. Ofrece un tipo de experiencia como no hay en este momento en el mercado, y lo hace a través de su propia impronta. De ofrecer un sistema de combate que tal vez se parece a otros, pero dentro del contexto de la acción, se separa de cualquiera al que se pueda parecer. De momento es una pena que haya algunos problemas de red que echen de partidos a los jugadores, y en ciertos puntos no les permitan entrar a partidas, pero esto es algo que con un poco de tiempo se resolverá.
 

LO BUENO

  • El sistema de combate es único y excelente
  • La Campaña sirve para conocer las mecánicas más a fondo
  • Cada clase es muy diferente a la otra, y las facciones lo son entre sí
  • Excelentes animaciones y diseño de los personajes
  • El sistema de personalización que varía tanto la estética como la estadística

LO MALO

  • La historia no es buena pero está para darle dinámica a la Campaña.
  • Situaciones 2v1 son prácticamente imposibles de escapar
  • Problemas de red que probablemente serán solucionados



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